ES POSIBLE CAMBIAR DE VIDA Y VIVIR EN CONTACTO CON LA NATURALEZA


La historia de Gonzalo Castaño. Cuando estaba “dentro” (del sistema-ciudad), tenía a cargo una distribuidora de lubricantes; ahora que está fuera, es dueño de una posada en Corrientes. Su padre enferma y él, con 22, toma las riendas de la empresa que provee a Siemens, Aerolíneas, Sancor, Good Year y otras grandes compañías. Poco antes de la crisis de 2001, la cadena de ventas quiebra, muchas empresas de su cartera de clientes cierran, dejan de pagarle y, en menos de un mes, sus finanzas caen al millón de dólares de rojo furioso deuda. En un año, le roban dos autos -uno de ellos con él arriba-. Asaltan tres veces la oficina. En cuatro meses, entran en cuatro oportunidades ladrones a su casa. "Y eso que estaba casado con la hija de un comisario mayor de la Policía Bonaerense", dice Castaño, curado de espanto. Por recomendación de un policía, se compra una pistola, practica tiro y la lleva a todas partes. No desayuna. Rara vez almuerza. Baja diez kilos. Un día, a las tres de la madrugada, su esposa le dice: "No te quiero más".

De tanto trabajar, hacía meses que sólo la encontraba mientras ella dormía. Al día siguiente, por primera vez, Castaño falta al trabajo. Arma un pequeño bolso de mano con algunas prendas y la pistola 45 y pasa por el banco a retirar dinero. A las 10 de la mañana, sube a la autopista del Buen Ayre. No sabe a dónde ir. "Me acordé de mi gran pasión, la pesca -recuerda-, y puse quinta hasta Paso de la Patria."

En el viaje, Castaño hizo una lista de las cosas que no quería más.
  • vivir en Bs As.
  • vivir con su esposa.
  • Trabajar en lo que estaba trabajando.
  • Andar armado.
  • Dormir menos de 8 horas por día.
  • O ayunar por falta de tiempo.
Se lo propuso con la tenacidad de un adicto en recuperación. Dio resultado. "Me lo prometí y, hasta el día de hoy, 11 años después -dice, orgulloso-, lo sigo cumpliendo y es prioridad en cualquier proyecto."

Hoy, Castaño es propietario de un lodge de pesca en Corrientes, la posada Paso de la Patria, diez habitaciones con vista al río, restaurante y embarcaciones propias. Vive con una nueva mujer, dos hijos, duerme siesta, cena en familia y dice que tiene la vida que siempre soñó. Uh, hablando de soñar. "¿Podés creer?: hasta el día de hoy, a veces sueño que tengo que volver a vivir en Bs. As. -dice Gonzalo, aroma del río en la piel- y me despierto llorando."

OTRA HISTORIA...

"Desde que me fui afuera, no paro de ver pajaritos", dice Jorge Cea, feliz de la vida y, desde hace cinco años, radicado en la laguna de Lobos. Cea estuvo empleado durante medio siglo en un laboratorio en Ramos y, cuando terminaba su horario, manejaba un taxi. "Entraba a las siete al laboratorio, salía a las cuatro y me subía al taxi. Llegaba a casa a las once de la noche. Sólo me quedaba tiempo para cenar. Al otro día, a las cinco ya estaba de nuevo arriba." A los 65, Cea se jubiló, se separó, largó todo y se fue a vivir a una quinta a metros de la laguna, que había comprado tiempo antes como casa de fin de semana. "La malaria que hay en la ciudad, hermano.

Un día, me dije: «Quiero pasar los últimos años de mi vida, tranquilo». Acá se duerme con una paz bárbara." El químico hoy duerme la siesta, come corderos con amigos, camina diez kilómetros diarios por la laguna y, en sus ratos libres, sigue ensayando con fórmulas e inventos varios. "Hace poco, creé una venda en aerosol. La ponés en una aplicación y es como una curita (tirita). Además, es ascéptica. A mí siempre me gustó el campo. Tenía un tío con campo en Luján. Para las vacaciones, siempre me iba ahí. Mi papá era de Pehuajó. Mamá, de Lincoln. Gente de afuera. Te tira en los genes."

A los amigos que preguntan cómo hago para vivir lejos de la ciudad y sobrevivir sin horarios ni presiones ni jefes, escribiendo desde casa esta clase de boludeces, les digo: "¿Te acordás de los dibujos que hacías en la carpeta cuando estabas en la escuela?". "Claro", me dicen. "Esos son tus sueños originales, antes de que la ciudad te metiera en su jaula. Bueno, yo me propuse seguir esos dibujos al precio que fuera." Mis amigos se quedan un momento en silencio, rememorando aquellos primeros tiempos de hastío y encierro escolar. Y luego preguntan: "Entonces, ¿decís que si yo sigo a mi pito (se refiere a su pene) peludo y a todos los culos que andan por ahí, lo voy a conseguir?", un poco de humor siempre viene bien. Saber reirse de uno mismo es importantísimo para liberarnos de nuestras propias ataduras mentales.

Espero que te haya gustado y te animes a seguir tus sueños...  

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